Trabajé cinco años en un hospital de referencia en paliativos y rehabilitación, y esta lesión la he visto muchas veces. Casi siempre acompañada de una familia que se culpa. Por eso lo primero que quiero que te lleves es esto: la úlcera de Kennedy es, en la mayoría de los casos, una señal de que el cuerpo se está apagando, no la marca de que alguien no hizo bien su trabajo.
La piel es el órgano más grande del cuerpo y, como el corazón o los riñones, también puede fallar. Cuando una persona entra en el proceso de morir, el organismo prioriza los órganos vitales y la piel deja de recibir suficiente riego. La úlcera de Kennedy es una de las formas de ese fallo cutáneo al final de la vida. Por eso el objetivo del cuidado no es cicatrizarla —muchas veces no se puede—, sino el confort y la dignidad de la persona.
Qué es la úlcera de Kennedy
El término lo acuñó la enfermera Karen Lou Kennedy en 1989. Observó que algunos residentes desarrollaban de forma súbita una úlcera con unas características muy reconocibles, y que su aparición se asociaba a un mayor riesgo de fallecimiento próximo. Los rasgos típicos son:
- Aparición brusca y evolución rápida (a veces en horas), a diferencia de una úlcera por presión, que se gesta con el tiempo.
- Localización habitual en el sacro o el cóccix (la zona baja de la espalda).
- Forma de pera, mariposa o herradura, con bordes irregulares.
- Colores que combinan rojo, amarillo y negro, que pueden cambiar deprisa.
No es un fenómeno aislado ni un nombre suelto: forma parte de una misma realidad que la literatura describe con varios términos —SCALE (cambios de la piel al final de la vida), lesiones tisulares terminales de Trombley-Brennan, o directamente fallo cutáneo terminal—. Distintos nombres para el mismo proceso.
Por qué aparece: la piel también falla
La explicación que hoy se maneja es que estas lesiones son consecuencia de una hipoperfusión (la piel deja de recibir sangre suficiente) en el contexto de un fallo de varios órganos durante el proceso de morir. No es una úlcera "por apoyar", es la piel claudicando como parte del apagado general del cuerpo. Por eso se consideran, en gran medida, lesiones inevitables: pueden aparecer aunque los cuidados hayan sido impecables.
Esto es lo que más necesito que entiendas si estás cuidando a un ser querido. Una úlcera de Kennedy puede aparecer a pesar de que hayas hecho todo bien: los cambios posturales, la higiene, la hidratación de la piel. No es la prueba de un descuido; es un signo de que el cuerpo está entrando en su fase final. Cargar con una culpa que no te corresponde, en un momento tan duro, no ayuda a nadie —y menos a ti—.
En qué se diferencia de una úlcera por presión
Es la gran confusión, y tiene consecuencias importantes (también legales y de responsabilidad en el ámbito sanitario). La diferencia de fondo es esta: una úlcera por presión se considera en general prevenible —aparece por presión mantenida y muchas veces se puede evitar—, mientras que la úlcera de Kennedy se considera inevitable, ligada al proceso de morir. La de Kennedy además aparece de golpe y evoluciona muy rápido, algo poco propio de una úlcera por presión.
Ahora bien, seré honesta contigo, porque es lo que toca en salud: la ciencia todavía no tiene todo cerrado en este tema. Hay debate sobre su origen exacto, sobre cómo nombrarlas y sobre hasta qué punto son siempre inevitables, y las estimaciones de con qué frecuencia aparecen varían muchísimo. Distinguir con certeza una úlcera de Kennedy de una úlcera por presión no siempre es sencillo, y por eso conviene que la valore alguien con experiencia.
Qué significa para el pronóstico
Aquí hay que ir con cuidado y sin dramatismos. La úlcera de Kennedy se asoció desde el principio a un mayor riesgo de fallecimiento cercano, pero no es una cuenta atrás ni una certeza. De hecho, en la propia investigación de Kennedy, alrededor del 55% de las personas fallecía en las seis semanas siguientes a la aparición de la lesión: un riesgo aumentado, sí, pero lejos de ser todas. Es una señal que invita a los profesionales a revisar los objetivos del cuidado y a acompañar mejor, no un veredicto con fecha.
Cómo se cuida
Cuando el objetivo deja de ser cicatrizar y pasa a ser el confort, el cuidado cambia de sentido. En estas lesiones lo que buscamos es:
- Que la persona esté cómoda: alivio de la presión con cambios posturales suaves y superficies adecuadas, siempre priorizando el bienestar sobre un protocolo rígido.
- Controlar los síntomas de la herida: manejar el exudado y el olor, y proteger la piel de alrededor, para que la lesión moleste lo menos posible.
- Evitar lo agresivo e inútil: no tiene sentido someter a la persona a curas dolorosas o desbridamientos agresivos buscando una cicatrización que probablemente no va a llegar. Menos, aquí, es más.
- Cuidar también a la familia: informar, quitar culpa y acompañar forma parte del tratamiento.
El manejo del dolor, la sedación o cualquier decisión clínica de fondo corresponden al equipo de paliativos que lleva a la persona; mi terreno, y el de este artículo, es la piel y el confort. Si estás cuidando a alguien al final de su vida y ha aparecido una de estas lesiones, y no sabes si lo estás haciendo bien o cómo aliviar mejor, escríbeme: te puedo orientar sobre los cuidados de la piel y acompañarte en esto. Pero, sobre todo, si te queda una sola idea de todo esto, que sea esta: que probablemente no hiciste nada mal, y que ahora lo importante es que esa persona esté lo más cómoda y acompañada posible.
Referencias bibliográficas
- Sibbald RG, Ayello EA. Reexamining the Literature on Terminal Ulcers, SCALE, Skin Failure, and Unavoidable Pressure Injuries. Adv Skin Wound Care. DOI: 10.1097/01.ASW.0000553112.55505.5f
- Kennedy terminal ulcer and other skin wounds at the end of life: an integrative review. J Tissue Viability (revisión integrativa). PubMed 33685789
- Terminal ulcers in end-of-life care: a scoping review. BMC Palliative Care, 2026. BMC Palliative Care
- SCALE: Skin Changes At Life's End. Documento de consenso (Sibbald et al.). leicspart.nhs.uk (PDF)