Si cuidas a una persona que pasa la mayor parte del día en cama, esto es probablemente lo más importante que puedes aprender. Los cambios posturales —cambiar de posición a la persona con regularidad para que no se mantenga la presión sobre las mismas zonas— son la base de la prevención de las úlceras por presión. Ninguna otra medida, ni siquiera el mejor colchón antiescaras, los sustituye.
Voy a explicarte cómo hacerlos bien. Y voy a hacerlo con honestidad, incluida una parte que quizá te sorprenda: lo que la ciencia sabe —y lo que todavía no sabe— sobre cada cuánto hay que hacerlos.
Por qué son tan importantes
Una úlcera por presión se produce cuando la presión mantenida sobre una zona del cuerpo —normalmente sobre una prominencia ósea como el sacro, los talones o las caderas— corta el riego sanguíneo de esa zona. Sin sangre, el tejido se daña y muere. Puede empezar a ocurrir en cuestión de horas.
El cambio postural interrumpe esa presión: al mover a la persona, la sangre vuelve a circular por la zona que estaba comprimida. Es un gesto sencillo con un impacto enorme. Por eso, aunque existan colchones especiales, el cambio postural sigue siendo la medida central de la prevención.
Cada cuánto: lo que dice la evidencia (y lo que no)
Aquí quiero ser especialmente honesta, porque hay un mito muy extendido. Seguramente has oído que "hay que cambiar de postura cada 2 horas". Es la pauta clásica, la que se ha enseñado durante décadas. Pero la evidencia científica actual matiza esta idea, y creo que debes conocerlo.
La revisión Cochrane más reciente sobre este tema (Gillespie y colaboradores, 2020) analizó todos los estudios disponibles y concluyó que no hay evidencia sólida sobre cuál es la frecuencia óptima de cambios posturales. La certeza de la evidencia es baja o muy baja. En uno de los estudios, cambiar de postura cada 2 horas frente a cada 3 horas sobre un colchón de espuma viscoelástica de alta densidad no mostró una diferencia clara en la aparición de úlceras.
Revisión Cochrane 2020 · Certeza baja a muy baja
Gillespie BM, Walker RM, Latimer SL, et al. Repositioning for pressure injury prevention in adults. Cochrane Database Syst Rev. 2020;6(6):CD009958. PubMed PMID: 32484259
¿Qué significa esto en la práctica? La guía internacional EPUAP/NPIAP/PPPIA de 2019 —la referencia clínica en prevención de úlceras— ya no recomienda un intervalo fijo universal. Recomienda individualizar la frecuencia según:
- El nivel de riesgo y de movilidad de la persona
- La tolerancia de su piel y sus tejidos
- La superficie de apoyo que se esté usando
- Su estado general y comodidad
La postura correcta: la regla de los 30 grados
No basta con cambiar de postura: importa mucho en qué postura se coloca a la persona. La recomendación de las guías es la posición lateral a 30 grados, y es una de las cosas más útiles que puedo enseñarte.
En lugar de girar a la persona completamente de lado (90 grados), lo que apoya todo el peso sobre el hueso de la cadera (trocánter) —una zona de altísimo riesgo—, se la inclina solo 30 grados, colocando una almohada o cuña en la espalda para mantener la posición. Así el peso recae sobre los tejidos blandos del glúteo, mucho más resistentes, y no sobre la prominencia ósea.
Se van alternando de forma cíclica:
- Lateral derecho a 30° (con almohada de apoyo en la espalda)
- Boca arriba (decúbito supino), con los talones liberados de presión
- Lateral izquierdo a 30° (con almohada de apoyo)
Los talones: mención aparte
Es uno de los puntos que más se olvidan. Los talones son una de las zonas de mayor riesgo de úlcera, y muchos colchones no los protegen bien. La recomendación es liberar completamente los talones de presión —lo que llamamos "flotación del talón"— colocando una almohada a lo largo de las pantorrillas de forma que los talones queden en el aire, sin tocar la cama. Ojo: la almohada va bajo las pantorrillas, no bajo los talones, y sin hiperextender la rodilla.
Cómo hacerlo bien: técnica que protege la piel (y tu espalda)
- No arrastres a la persona. Arrastrarla sobre la sábana genera fricción y cizallamiento —dos causas de úlcera tan importantes como la presión—. Hay que levantar, no arrastrar. Una entremetida o sábana de deslizamiento ayuda mucho.
- Usa una entremetida (sábana travesera). Colocada bajo la persona, permite moverla entre dos personas o reposicionarla reduciendo la fricción y protegiendo tu espalda.
- Protege tu propia espalda. Dobla las rodillas, mantén la espalda recta, acerca a la persona a ti antes de moverla y usa el peso de tu cuerpo, no la fuerza de los brazos. Si puedes, sé dos personas para las movilizaciones.
- Retira objetos de debajo del cuerpo. Cables, sondas, mando de la cama, migas, pliegues de la sábana: cualquier cosa bajo el cuerpo crea un punto de presión.
- Aprovecha para revisar la piel. Cada cambio postural es una oportunidad de oro para inspeccionar las zonas de riesgo. Busca rojeces que no blanquean al presionar, cambios de color o de temperatura.
- Coloca almohadas entre las rodillas y los tobillos en la postura lateral, para que las prominencias óseas no contacten entre sí.
Errores frecuentes que veo en domicilio
- Confiar solo en el colchón y espaciar demasiado los cambios. El colchón ayuda, no sustituye.
- Girar a 90° completos apoyando todo el peso sobre la cadera, en lugar de los 30° recomendados.
- Masajear las zonas enrojecidas. Es un mito muy arraigado y es contraproducente: masajear una zona de riesgo o ya enrojecida puede dañar aún más el tejido. No se debe hacer.
- Usar flotadores o roscos bajo el sacro. Concentran la presión en el borde y empeoran las cosas. No se recomiendan.
- Elevar el cabecero de la cama más de 30° de forma mantenida, lo que aumenta el cizallamiento sobre el sacro. Solo lo justo y el tiempo necesario, por ejemplo para comer.
- Olvidar los talones y las orejas, los tobillos, la zona occipital en personas muy delgadas.
Los cambios posturales pueden parecer una tarea rutinaria, casi mecánica, pero son una de las intervenciones de cuidado con más impacto real en la salud de una persona encamada. Hacerlos con buena técnica, observando la piel y adaptando la frecuencia a lo que esa piel te dice, previene un sufrimiento enorme. Si cuidas a alguien en esta situación y quieres que te enseñe la técnica en persona o que valore el plan de prevención completo, puedes escribirme: atiendo a domicilio en Madrid y por videollamada para toda España.
Referencias bibliográficas
- Gillespie BM, Walker RM, Latimer SL, Thalib L, Whitty JA, McInnes E, Chaboyer WP. Repositioning for pressure injury prevention in adults. Cochrane Database Syst Rev. 2020;6(6):CD009958. PubMed PMID: 32484259
- European Pressure Ulcer Advisory Panel, National Pressure Injury Advisory Panel and Pan Pacific Pressure Injury Alliance. Prevention and Treatment of Pressure Ulcers/Injuries: Clinical Practice Guideline. Emily Haesler (Ed.). EPUAP/NPIAP/PPPIA; 2019. internationalguideline.com
- Avsar P, Moore Z, Patton D, O'Connor T, Budri AM, Nugent L. Repositioning for preventing pressure ulcers: a systematic review and meta-analysis. J Wound Care. 2020;29(9):496-508. PubMed PMID: 32924821