Las úlceras por presión (las escaras) aparecen cuando una zona de la piel soporta presión mantenida contra una superficie durante demasiado tiempo: la sangre deja de llegar bien, el tejido se queda sin oxígeno y se lesiona. La lógica de los cambios posturales es sencilla y poderosa: si cambiamos de postura a la persona cada cierto tiempo, ninguna zona aguanta esa presión el tiempo suficiente para romperse. Es prevención pura, y está en tus manos.
Cada cuánto hacer los cambios posturales
La pauta que se ha enseñado siempre, y que sigue siendo una referencia razonable, es:
- En cama: cada 2-3 horas, también por la noche.
- Sentado en una silla o sillón: con mucha más frecuencia, cada 15 minutos a 1 hora, porque sentado todo el peso se concentra en una zona pequeña (los isquiones, los huesos del glúteo). Si la persona puede colaborar, pequeños cambios de apoyo o levantarse unos segundos ayudan mucho.
Ahora bien, quiero ser honesta contigo, porque en salud importa: la evidencia de que una frecuencia concreta prevenga más escaras que otra es limitada. Las revisiones que han comparado cambiar cada 2, 3 o 4 horas no han encontrado una diferencia clara, y la confianza en esos estudios es baja. ¿Qué significa esto en la práctica? Que el «cada dos horas» no es un número mágico grabado en piedra: lo que de verdad manda es individualizar. Una persona con la piel ya enrojecida, muy delgada o con mala circulación necesitará cambios más frecuentes; otra con una buena superficie de apoyo y piel sana puede espaciarlos algo. Ajusta la frecuencia al riesgo, la comodidad y la movilidad de cada persona, y súbela en cuanto veas la piel resentida.
Cómo colocar bien a la persona
La postura importa tanto como la frecuencia. Un par de claves que marcan la diferencia:
De lado: a 30 grados, no a 90
Cuando colocas a la persona de lado, no la dejes apoyada del todo sobre la cadera (90 grados): en esa posición, todo el peso recae sobre el trocánter, el hueso saliente de la cadera, y es una de las zonas donde más escaras salen. En su lugar, usa una inclinación lateral de unos 30 grados: la persona queda ligeramente ladeada, con una almohada detrás de la espalda que la sujeta, de modo que el peso se reparte entre el glúteo y la espalda, sobre tejido con más «colchón» natural.
Protege los talones y las zonas de hueso
Los talones son de las zonas más peligrosas: tienen poca grasa y poca circulación. Lo más eficaz es «flotar» los talones, colocando una almohada bajo las pantorrillas para que el talón quede en el aire, sin apoyar. Usa almohadas también para separar las rodillas y los tobillos entre sí, y para evitar que las zonas de hueso rocen entre ellas. Existen taloneras específicas que ayudan.
Cuida la cabecera de la cama
Mantén el cabecero lo más bajo que permita la situación de la persona (idealmente no más de 30 grados). Cuando la cabecera está muy incorporada, el cuerpo tiende a deslizarse hacia abajo y se produce cizalla: la piel se queda pegada a la sábana mientras los tejidos de debajo se desplazan. Esa fuerza de cizalla es una causa importante de escaras, sobre todo en el sacro.
El reloj no trabaja solo: la superficie de apoyo
Este es el punto que más se olvida. De nada sirve cambiar de postura con disciplina si la persona descansa sobre un colchón normal que no reparte la presión. Los cambios posturales y la superficie de apoyo son un equipo:
- Colchones y cojines de redistribución de presión (de espuma viscoelástica, de aire alternante, etc.) reparten el peso sobre más superficie y reducen la presión en los puntos de hueso.
- No eliminan la necesidad de hacer cambios, pero permiten que el conjunto funcione y dan margen.
- La elección depende del nivel de riesgo: cuanto mayor es, más se justifica una superficie activa.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Arrastrar a la persona al moverla en vez de levantarla: el roce y la cizalla dañan la piel. Mejor con ayuda de una entremetida (sábana travesera) y, si hace falta, entre dos personas.
- Masajear las zonas enrojecidas: no se debe. Frotar una zona de piel ya resentida puede dañarla más.
- Olvidar los cambios de noche. La piel no distingue entre el día y la noche; las horas de sueño seguidas son de alto riesgo.
- Fiarlo todo al colchón especial y dejar de hacer cambios. El colchón ayuda, no sustituye.
- Descuidar la piel: mantenerla limpia, seca e hidratada, y revisar a diario las zonas de hueso (sacro, talones, caderas, codos, nuca) para detectar el primer enrojecimiento.
En resumen: los cambios posturales son una de las mejores herramientas que tienes para evitar las escaras, pero no son un ritual de reloj. Piensa en ellos como parte de un conjunto —frecuencia adaptada a la persona, buena colocación a 30°, talones al aire, superficie de apoyo adecuada y cuidado diario de la piel—. Si cuidas a alguien encamado y quieres asegurarte de que lo estás haciendo bien, o ya ha aparecido un enrojecimiento que no sabes interpretar, escríbeme: lo valoro a domicilio en Madrid o por videollamada y te dejo una pauta clara. Tienes también la guía general de prevención de escaras y de cómo cuidar a una persona encamada en casa.
Referencias bibliográficas
- Gillespie BM, et al. Repositioning for pressure injury prevention in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews. cochrane.org
- EPUAP/NPIAP/PPPIA. Prevención y tratamiento de las úlceras/lesiones por presión: Guía de consulta rápida (2019). epuap.org
- GNEAUPP. Documentos técnicos sobre prevención de úlceras por presión. gneaupp.info